Hoy, cuando se cumplen exactamente 107 días después de que El Tíbet viviera las revueltas más tensas de los últimos 20 años, las autoridades chinas han dado luz verde a la reanudación de la entrada de turistas en la región. Según Pekín, el relevo de la antorcha en Lhasa (la capital tibetana), que transcurrió el sábado sin altercados, demuestra que la situación es suficientemente “estable”.
La crisis comenzó a mediados de marzo cuando activistas tibetanos se lanzaron a las calles para protestar contra lo que consideran una “ocupación ilegítima” de la zona por parte de China, coincidiendo con el aniversario del levantamiento contra el ejército de Mao en 1959. Las protestas y los disturbios, incluyendo la quema de diversos comercios y una fuerte represión policial, se sucedieron entonces. Los monjes de El Tíbet se declararon en huelga de hambre y grupos críticos con la postura china interrumpieron el recorrido internacional de la antorcha olímpica a su paso por ciudades como París o San Francisco.
En esta coyuntura, China decretó el cierre de El Tíbet a todos los foráneos y se dedicó a negar sistemáticamente el permiso de viaje a todo aquel que lo solicitase, cancelando incluso los viajes ya aprobados. El breve relevo de la antorcha el pasado fin de semana por la capital ha sido visto por el gobierno de Pekín como un claro síntoma de que la situación está ya bajo control. Sin embargo, el férreo despliegue policial que acompañó la marcha ha vuelto a disparar las críticas de los tibetanos en el exilio que entienden este acto como una argucia de Pekín para hacer alarde de su soberanía en la región que fue autónoma hasta la llegada de los comunistas a comienzos de la década de los 50.
Mientras tanto, y según El Mundo, algunos monasterios budistas, considerados por China como los culpables de la discordia, permanecen cercados y decenas de monjes han sido sometidos a un adoctrinamiento contra el líder espiritual de El Tíbet, el Dalai Lama. Para calmar los ánimos, Pekín ha anunciado la liberación de más de mil tibetanos detenidos durante las protestas, aunque también ha condenado a 42 por sus “actos en las revueltas” y otra centena se encuentra a la espera de juicio.
El Tibet, que, según cifras de la agencia estatal Xinhua, registró 4 millones de visitas en 2007, fue reabierto a los turistas internos el pasado 23 de abril y el 1 de mayo a los procedentes de Hong Kong, Macao y Taiwán. La Oficina de Turismo de El Tíbet, por su parte, ha comunicado que los primeros en pisar El Tíbet han sido dos suecos, a los que les seguirán cuatro singaporenses el domingo. Sin embargo, y por el momento, el acceso a la prensa continúa vetado.
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