Aprovechamos que China está en boga por las Olimpiadas, para inaugurar esta sección con uno de los mayores prodigios arquitectónicos de la historia: la Ciudad Prohibida de Pekín (Beijing para los puristas), una obra que se extiende a lo largo de 720 mil metros cuadrados en pleno corazón de la vieja capital del país asiático y cuya construcción se demoró durante más de 15 años. ¿Te suena?, ¿no? Pues sigue leyendo… Se trata de un conjunto de palacios imperiales de las dinastías Ming y Quing, que traducido significan claridad y pureza, respectivamente.
Su nombre original fue Ciudad Púrpura Prohibida, en referencia a la Constelación Luminosa Púrpura en la que la Estrella Polar, al igual que el emperador en la tierra, se encuentra en el centro. El calificativo de “prohibida” tiene su explicación en que el pueblo llano tenía vetada la entrada y sólo la Corte podía obtener audiencia ante el Emperador. Su construcción responde al traslado de la capital de Nanjing (“Capital del Sur”) a Beijing (“Capital del Norte”), ordenada por el tercer emperador Ming, Yong-Le, en 1421. Desde entonces este conjunto de palacios, que alberga más de 800 edificios y 9.000 habitaciones de madera, se convertiría en símbolo de la soberanía china y del esplendor de este imperio milenario, reservándose íntegramente para la familia imperial, que antaño carecía de un lugar fijo para su residencia.
El relevo en el trono vendría de la mano del ascenso al mismo de los Quing tras el suicido del último emperador Ming. Sus trescientos años de gobierno llegan hasta nuestros días como la última huella de la China imperial, que llegaría a su fin con la revolución de las bases campesinas maoístas de 1912 y la instauración de la República. Entre su aportación, que no supuso grandes cambios para unas dependencias vestidas de relieves, pinturas y artesonados, destacan algunas de las piezas que se conservan en el Salón de los Tesoros, en el lado este del Palacio Imperial, donde, por ejemplo, se exhibe una cota de esta dinastía, rodeada por 16 dragones, que se tejió con 600 mil láminas de acero durante más de 40 mil horas de trabajo.
Buena parte de su legado se perdió con la abdicación del emperador Puyi, debido a las presiones republicanas, y su posterior sucesión en la figura de Yuan Shikai. Con el sueño en mente de alzarse como el gran emperador para todos, Shikai mandó eliminar todas las inscripciones en lengua Man, la etnia de los Quing, para dar carpetazo a lo anterior y exponerse ante un pueblo, ya más que reticente a la dominación absolutista, como un personaje con aires renovadores, que, sin embargo, no convenció a nadie y cayó en tan sólo 83 días. Borrada la prueba de su influencia, podemos decir que lo más destacable hoy día de la labor de los Quing es su conservación del patrimonio heredado, gracias a lo cual podemos apreciar los muros de la Ciudad Imperial, de 10 metros de altura. Estos muros, de 3 kilómetros de extensión, están atravesados por 4 puertas que coinciden con los puntos cardinales.



La principal es la puerta de Wu Men (“del Mediodía”) y para acceder a ella es preciso pasar por la puerta situada al Sur de la Ciudad Imperial de Tian an Men (“Paz Celeste”), que da nombre a la plaza famosa por las trágicas manifestaciones en contra del régimen comunista que se celebraron en ella y que se saldaron con miles de estudiantes muertos debido a la dura represión del ejército.
Una vez dentro, la corte exterior destaca como la más llamativa por sus tres grandes pabellones que se asientan sobre una base de mármol blanco de 8 metros de alto. El primero es el de la Armonía Suprema, cuyos 28 metros de altura, 92 columnas de un metro de diámetro y, según cuenta la leyenda, su suelo embaldosado de oro, le dan un aire solemne que lo convirtieron en sede habitual de las reuniones oficiales.
El pabellón de la Armonía Central, por su parte, funcionaba como área de descanso personal del emperador. Y el de la Armonía Preservada, era el lugar predilecto para los banquetes oficiales en honor de la visita de personalidades de la aristocracia extranjera. Detrás de estos pabellones se esconde la corte interior, donde habitaban los emperadores con sus mujeres y concubinas en el más exquisito de los lujos.
En el interior destaca el Jardín Imperial, donde los visitantes (recordemos que este complejo está abierto al público como Museo desde 1924) pueden contemplar una serie de dibujos de tono burlesco en los que el emperador aparece, arrodillado ante una dama que cabalga sobre su lomo, golpeado por una mujer y haciendo equilibrio con una vasija de porcelana sobre la cabeza para deleite, una vez más, de una mujer. Algunos ven en estas imágenes una prueba de la actitud apocada y condescendiente del emperador. Sin embargo, los historiadores afirman que es más probable que todo se deba a un simple encargo para entretenerse de la emperatriz manchú Cixi, concubina del emperador Xianfeng, que ejerció el poder tras la muerte de éste.
Lleno de historias legendarias, este magnífico complejo palaciego ostenta entre otros títulos, el de ser la edificación de mayores dimensiones más antigua de China y el de concentrar la mayor colección de estructuras de madera antigua del mundo. Asimismo, en 1987, lo declaró Patrimonio de la Humanidad. Con todo esto, atractivos no le faltan…
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Enlaces de interés:
Visita virtual por la Ciudad Prohibida
Guía de viaje en Pekín
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